martes, 6 de enero de 2009

El payador de Alcides de María

Él canta cuánto se encierra de la Patria en la extensión,
y en amena descripción las costumbres de su tierra;
el pinta el bosque y la sierra, el arroyuelo y el río;
las lágrimas del rocío que seca el viento fugaz
y al gaucho diestro y audaz que monta el potro bravío.

Él sabe cantando amores darle a su voz la ternura
con que el arroyo murmura, cuando acaricia las flores;
y, si cantar los rigores quiere del bien al que adora,
tiene su voz seductora que suena como un lamento,
el melancólico acento de la tórtola que llora.

Él tiene el eco potented e sonora catarata
cuando su labio relata las hazañas de un valiente;
él canta con su voz doliente la ausencia del bien querido;
y hace llegar al oído, si narra vengado ultraje,
como el rugido salvaje del león que se siente herido.

Con intuición de poeta y las alas de su anhelo
remonta a veces su vuelo a la mansión de un planeta;
él a reglas no sujeta su inspiración ni su idea.
Él canta lo que desea, lo que siente, lo que estima...
porque solo, canta y rima como el pájaro gorjea.

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