miércoles, 11 de febrero de 2009

El trance fiero de Saúl Huenchul

Yo andaba en un redomón bastante bruto y macaco
cuando lo escuche al "mataco"que toriaba en un zanjón.
Sali medio al galopón pa ver lo que habia encontrao
pero me quedé pasmao cuando distinguí de paso
que era un jabalí machazo y de colmillo cruzao.

Como nunca fui chambón, pa voltiar cualquier padrillo
pensé que sería sencillo partirle en dos el melon
pero me tembló el garrón cuando se me vino airoso
quise pelar el bufoso pero el matungo macaco
se enredó en un alpataco y al suelo fui tembloroso.

En tremenda mezcolansa cuando medio me paraba
vi que el caballo sangraba desde el encuentro a la panza
y al perder las esperanzas de voltiarlo de un balazo
disparé unos cuantos pasos pero al mirarme de a pie
volvió a encararme otra vez como pa hacerme pedazos.

El perro tuito sangrao desde el ocico al cogote
no le aflojaba al grandote y parecia duplicao
y si no he sido achurao por aquel chancho fierazo
fue por el perro amigazo porque cuando se venía
al cruce se le prendia sin miedo a los cormillazos...

Entre tantas reculadas y apurones sin ventaja
me había hecho perder la faja y una alpargata gastada
y fue en una corajiada mezcla de miedo y cosquilla
que al saltar una jarilla alcance a pelar el fierro
y haciéndole honor al perro se lo prendí en las costillas.

Como quien siente el amargo dolor en cuerpo desnudo,
pegó un bufido el cerdudo y se alejó al trote largo,
pero el perro sin embargo lo siguio firme y parejo
y cuando lo hallé allá lejos en una playa estirao
se había muerto desangrao por defenderme el pellejo.

Allí quedó pobrecito entre tomillos y sampa
por serle fiel y sin trampas a quien lo crio de chiquito
en cambio el chancho maldito herido pero se fue
y tristemente pensé que julepe compañero...
donde casi dejo el cuero de puro tonto esa vez

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