miércoles, 9 de septiembre de 2009

Copa de veneno de Alfonso Correa Betancourt

Copa diminuta, henchida de veneno
De aquél veneno, de sabor tan bueno,
Aquel tan traicionero,
Aquel, que con ignotos espejismos,
Embalsama su víctima primero.

Licor; verdugo acerbo de la humanidad
Guía que nos encamina a la prisión,
Portador de las llaves del panteón,
Fomento de la escoria y la orfandad;
Por tu culpa, maldito bebedizo,
Colmado el mundo está de analfabetos,
De mendigos en cada pasadizo,
Y grandes del ayer en bancarrota.

Tu eres la demencia embotellada
Porque vuelves despreciable al caballero,
Destruyes el honor, lo acabas todo,
Vuelves canalla al que antes fue sincero,
Y te llaman amigo,
Te liban, te adulan,
Dicen que eres consuelo de las penas,
Te buscan por doquier, con sed te apuran;
Dicen también, que rompes las cadenas.

Mentira! mentira…
Yo he bebido de ti muchas botellas,
He sido víctima de tu alucinación,
Por ti he llegado a ver negra mi estrella,
Y por ti casi perdido vi mi honor;
No fueron pocas noches,
Fueron muchas, las que mi pobre madre me pasó esperando,
Fueron muchos los días por la mañana,
Que ante una imagen la encontré llorando.
Me da vergüenza recordarlo todo,
Lo que hice y viví bajo tu influjo,
Lo que me hiciste ver allá en el lodo,
Allá donde hay gran parte del producto tuyo.

Y te siguen bebiendo, te siguen adulando,
Y te siguen teniendo de primer invitado en los festejos.
Y mientras te consumen, tú los vas consumiendo,
Tú vas sembrando en ellos los despojos,
Licor maldito! Maldito veneno.

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