Trajo el patrón, pa la estancia, un toro fino, importao
y creo que lo había comprao por Inglaterra o por Francia
Un animal de prestancia con más cuidao que una alaja
y pa sacarle ventaja mejorando los planteles
dormía el toro en "Los jagüeles" en cama de buena paja.
Yo pa ese entonces, me acuerdo, redomoniaba un picazo
que era más pronto que hachazo pegao con el brazo izquierdo
Y como nunca fui lerdo pa enseñar un animal
como un hombre liberal pero con mala intención
saqué al toro del galpón pa soltarlo en un corral.
Monté y después, despacito, como escondiendo una treta
al toro, por la paleta, le pegué un empujoncito
Escuchó el picazo un grito con mi acento varonil
y sarandeando el cuadril se dió el toro a disparar
y ahí se lo entré a "descolgar" a dos velas y un candil.
Como el pingo tenía rollo le iba gritando certero
¡acomodate extranjero que te está golpiando un criollo!
De entre las patas, un pollo, salió con vida arañando
todo asustao, cacariando, pasando alguna penuria
cuando yo en toda la furia traiba al toro recostando.
Después, para qué les cuento, se apareció el mayordomo
malísimo, hinchando el lomo, hasta quedar sin aliento
Me parece que lo siento gritar desde la tranquera
más colorao que una hoguera estaba loco de atar
y ya lo mandé a pasear con una frase muy fiera
Cuando lo supo el patrón enseguida me pagaron
y como a un perro me echaron sin darme una explicación
Pero si esa tentación me costó una sacudida
aunque pierda otra partida no hay cuidao que retroceda
y seguiré mientras pueda haciendome el gusto en vida
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miércoles, 4 de marzo de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Ensillando de Pedro Risso
El sol que se ha despertao me manda una luz al cruce
al verme arreglarle el tuse a un flete oscuro tapao.
Es que pa dir al poblao saldré temprano del puesto,
y como es lindo el pretexto en semejante ocasión
con mi emprendao pobretón viá ensillar echando el resto.
En él no hay mucho valor porque el dueño es un resero,
pero a prolijo y campero puede arrimarse al mejor.
Cada prenda con mi amor les voy a dir detallando,
pa que vayan observando pilcha por pilcha en su aspecto,
o le saquen un defecto mientras que voy ensillando.
Primero la sudadera le asiento con gran cuidao
bien justo de cada lao para que no haga "bandera".
Al ponerse esa bajera siempre precauciones tomo,
porque el hombre muestra aplomo y hasta su ciencia resalta
cuando al pingo no le falta ni un solo pelo del lomo.
Pongo un mandil colorao y otro azul, de buena lana,
pa' que la gente paisana no vaya creerme un dejao.
Ser prolijo y delicao no es nada muy trabajoso,
y suele ser ventajosoy a que ande llegue a parar
siempre lo han de ponderar al criollo que es cuidadoso.
La carona nunca olvido por servicial y criolla
que parejita se apolla realzando el racao florido.
Todo gaucho presumido con ella el pilchaje entona,
porque un recao sin carona es verano sin chicharra,
o parece una guitarra que le falta la bordona.
Con la mayor sencillez pero realzando su estampa
le pongo una matra pampa cuidando cada doblés.
Y así convertido en juez que no perdona un descuido,
aunque he galopiao tupido con mi oscuro en ocasiones,
de la cruz y los riñones nunca lo vi dolorido.
Pongo los bastos, y veo que cada tapa de plata
es señal que los delata como prenda de paseo.
Al ponerlos me floreo y cuando los emparejo
entre el brillo y el reflejo me hacen ver de tal manera
como si el sol se viniera a mirarse en un espejo.
De anca 'e potro la encimera que un viejo me ha trabajao,
de un bagual bayo tiznao quebrao en la vizcachera.
Es fuertona su asidera y machazos sus corriones,
pa que aguanten los tirones porque el criollo siempre adujo
que hasta en las pilchas de lujo hay que tener precauciones.
Cincha muy bien trabajada de cuero crudo elegido,
hecha por un entendido pareja y bien macetiada.
Viene a copar la parada con apuros de apretar,
pero yo siempre al cinchar cualquier detalle contemplo,
como siguiendo el ejemplo del que me enseñó a ensillar.
De cerca, ó de medio lejos, mirando en forma segura
verán a la misma altura los dos estribos parejos.
La luna les dio reflejos una noche al contemplarlos,
y aunque a menudo se usarlo sen fiestas de tradición
de tan gauchitos que son me da pena de pisarlos.
Haciendo grupa al recao brillosas y tentadoras
le pongo las boleadoras en su lugar obligao.
Son como un certificao del tiempo que han recorrido,
y desafiando al olvidoho y brillan airosamente,
cual si el pasao, al presente, le echara una falta envido.
Un lazo bien trabajao mostrando su trenza blanca
le acomodo sobre el anca prolijamente arrollao.
En su trabajo esmerao, vistoso y de resistencia
en todo el tiro evidencia de la presilla a la argolla,
un sello a la mano criolla de lujo, de arte y de ciencia.
Como adorno superior después le pongo el pretal
porque pa mi es habitual salir como un gaucho flor.
Prenda de lujo mayor siempre mi atención reclama,
y entre el brillo que derrama de su patrón, con derecho,
justo en el medio del pecho va luciendo un monograma.
Recortao a la medida va un cuero negro gauchón,
blandito como un colchón de lana corta y tupida.
El sobrepuesto enseguida pongo con cierta cautela,
donde el carpincho revela su suavidad y sus matices
y un sinfín de cicatrices que parecen de viruela.
Doy una vuelta al cinchón y vuelvo a darle otra más
pa que no digan jamás que está ensillando un chambón.
Debe empezar de pichón quien se quiera destacar,
y en el diario trajinar algo nuevo hay que aprender,
porque dicen que el saber no ocupa ningún lugar.
El rebenque está conmigo y si ustedes no lo han visto
está siempre a mano y listo como si fuera un amigo.
Ha sido y es el testigo en cada ocasión que ensillo,
y mandón como un caudillo que de su fuerza alarde
colgado, se balancea, desde el cabo del cuchillo.
Formando un solo conjunto, rienda, cabezada y freno,
como en el día del estreno relumbran de contrapunto.
Mientras enfreno, repunto la manada de mis versos,
y haciendo algunos esfuerzos entre chiflido y chiflido
los traigo desde el olvido aunque se encuentren dispersos.
Bozal bien cáido al hocico dando al sol sus resplandores,
sumando sus pasadores como trescientos y pico.
Y así como les explico al seguir con mi tarea
el cabresto juguetea, mientras yo en la cogotera
con los botones pa afuera le prendo bien la manea.
Ponerle un recao a un flete parece cosa sencilla,
pero no cualquiera ensilla que ensillar no es un juguete.
Al que no sabe y se mete ya renegando lo siento,
pues nadie dirá que miento las molestias que ocasiona
si la mosca está bravona o si sopla fuerte el viento.
Pa que opine cada cual a su antojo y sin apuro
dejo ensillao a mi oscuro rienda arriba en el corral.
Y como a carta cabal soy criollo de campo afuera,
rogarle a Dios yo quisiera pa que el recao y mi pingo
no anden en manos de gringo el día que yo me muera.
al verme arreglarle el tuse a un flete oscuro tapao.
Es que pa dir al poblao saldré temprano del puesto,
y como es lindo el pretexto en semejante ocasión
con mi emprendao pobretón viá ensillar echando el resto.
En él no hay mucho valor porque el dueño es un resero,
pero a prolijo y campero puede arrimarse al mejor.
Cada prenda con mi amor les voy a dir detallando,
pa que vayan observando pilcha por pilcha en su aspecto,
o le saquen un defecto mientras que voy ensillando.
Primero la sudadera le asiento con gran cuidao
bien justo de cada lao para que no haga "bandera".
Al ponerse esa bajera siempre precauciones tomo,
porque el hombre muestra aplomo y hasta su ciencia resalta
cuando al pingo no le falta ni un solo pelo del lomo.
Pongo un mandil colorao y otro azul, de buena lana,
pa' que la gente paisana no vaya creerme un dejao.
Ser prolijo y delicao no es nada muy trabajoso,
y suele ser ventajosoy a que ande llegue a parar
siempre lo han de ponderar al criollo que es cuidadoso.
La carona nunca olvido por servicial y criolla
que parejita se apolla realzando el racao florido.
Todo gaucho presumido con ella el pilchaje entona,
porque un recao sin carona es verano sin chicharra,
o parece una guitarra que le falta la bordona.
Con la mayor sencillez pero realzando su estampa
le pongo una matra pampa cuidando cada doblés.
Y así convertido en juez que no perdona un descuido,
aunque he galopiao tupido con mi oscuro en ocasiones,
de la cruz y los riñones nunca lo vi dolorido.
Pongo los bastos, y veo que cada tapa de plata
es señal que los delata como prenda de paseo.
Al ponerlos me floreo y cuando los emparejo
entre el brillo y el reflejo me hacen ver de tal manera
como si el sol se viniera a mirarse en un espejo.
De anca 'e potro la encimera que un viejo me ha trabajao,
de un bagual bayo tiznao quebrao en la vizcachera.
Es fuertona su asidera y machazos sus corriones,
pa que aguanten los tirones porque el criollo siempre adujo
que hasta en las pilchas de lujo hay que tener precauciones.
Cincha muy bien trabajada de cuero crudo elegido,
hecha por un entendido pareja y bien macetiada.
Viene a copar la parada con apuros de apretar,
pero yo siempre al cinchar cualquier detalle contemplo,
como siguiendo el ejemplo del que me enseñó a ensillar.
De cerca, ó de medio lejos, mirando en forma segura
verán a la misma altura los dos estribos parejos.
La luna les dio reflejos una noche al contemplarlos,
y aunque a menudo se usarlo sen fiestas de tradición
de tan gauchitos que son me da pena de pisarlos.
Haciendo grupa al recao brillosas y tentadoras
le pongo las boleadoras en su lugar obligao.
Son como un certificao del tiempo que han recorrido,
y desafiando al olvidoho y brillan airosamente,
cual si el pasao, al presente, le echara una falta envido.
Un lazo bien trabajao mostrando su trenza blanca
le acomodo sobre el anca prolijamente arrollao.
En su trabajo esmerao, vistoso y de resistencia
en todo el tiro evidencia de la presilla a la argolla,
un sello a la mano criolla de lujo, de arte y de ciencia.
Como adorno superior después le pongo el pretal
porque pa mi es habitual salir como un gaucho flor.
Prenda de lujo mayor siempre mi atención reclama,
y entre el brillo que derrama de su patrón, con derecho,
justo en el medio del pecho va luciendo un monograma.
Recortao a la medida va un cuero negro gauchón,
blandito como un colchón de lana corta y tupida.
El sobrepuesto enseguida pongo con cierta cautela,
donde el carpincho revela su suavidad y sus matices
y un sinfín de cicatrices que parecen de viruela.
Doy una vuelta al cinchón y vuelvo a darle otra más
pa que no digan jamás que está ensillando un chambón.
Debe empezar de pichón quien se quiera destacar,
y en el diario trajinar algo nuevo hay que aprender,
porque dicen que el saber no ocupa ningún lugar.
El rebenque está conmigo y si ustedes no lo han visto
está siempre a mano y listo como si fuera un amigo.
Ha sido y es el testigo en cada ocasión que ensillo,
y mandón como un caudillo que de su fuerza alarde
colgado, se balancea, desde el cabo del cuchillo.
Formando un solo conjunto, rienda, cabezada y freno,
como en el día del estreno relumbran de contrapunto.
Mientras enfreno, repunto la manada de mis versos,
y haciendo algunos esfuerzos entre chiflido y chiflido
los traigo desde el olvido aunque se encuentren dispersos.
Bozal bien cáido al hocico dando al sol sus resplandores,
sumando sus pasadores como trescientos y pico.
Y así como les explico al seguir con mi tarea
el cabresto juguetea, mientras yo en la cogotera
con los botones pa afuera le prendo bien la manea.
Ponerle un recao a un flete parece cosa sencilla,
pero no cualquiera ensilla que ensillar no es un juguete.
Al que no sabe y se mete ya renegando lo siento,
pues nadie dirá que miento las molestias que ocasiona
si la mosca está bravona o si sopla fuerte el viento.
Pa que opine cada cual a su antojo y sin apuro
dejo ensillao a mi oscuro rienda arriba en el corral.
Y como a carta cabal soy criollo de campo afuera,
rogarle a Dios yo quisiera pa que el recao y mi pingo
no anden en manos de gringo el día que yo me muera.
miércoles, 7 de enero de 2009
Los diez hermanos rosales de Pedro Risso
Un rancho que allá se vía, viejazo, largo, achatao,
fue el puesto más alejao en la estancia "La Porfía".
Daba un ombú su alegría pegadito a los corrales,
y entre haciendas, pastizales, y entre relinchos de potros
allí nos criamos nosotros; los diez hermanos Rosales.
Mi padre el viejo Zenón, cumplidor, serio y formal.
Jamás carnió un animal sin que supiera el patrón.
Mi madre, Aurelia Almirón fue virtuosa pa' cumplir
y aunque el lavar y zurcir mucho tiempo le llevaba,
siempre un rato le quedaba pa' enseñarnos a escrebir.
Mi hermano mayor, Hilario, como pa zurdo, por tal caso,
tanto al facón como al lazo los lleva del lao contrario.
Tiene pa' el trabajo diario seis bayos y un azulejo,
y aunque va llegando a viejo pobrón y con poca suerte
puedo decirles bien fuerte que es un paisano parejo.
Yo soy Jacinto Rosales, soltero por conveniencia
porque a resero, la ausencia,suele acarrearle sus males.
El tranco de mis baguales por cien rumbos me ha llevao
del catre estoy olvidao y voy, sin que me haga meya,
reseriando en cualquier güeya y durmiendo en el recado.
El que sigue es Antenor, campero entre los camperos,
corredor de parejeros bailarín y buen cantor.
Por caprichos del amor cambió a menudo de china,
pero en una remolina del pago se hizo perdiz
y aura vive muy feliz"arrimao" con Juana Urbina.
Demetrio, Ignacio y Benito, -por los consejos de tata-
reuniendo una poca plata han arrendao un campito.
Ahí resalta como escrito el valor de cada cual,
y como el medio rural al más "quedao" despabila
vieron después de la esquila redoblao el capital.
Victoriano es de alma buena, pero...la sangre salpica...
y encerrao en Sierra Chica 'ta purgando una condena.
Recuerdo con mucha pena cuando por unas zonceras
tras dos palabras muy fieras se desmontó de un tordillo,
y en una pelea a cuchillo mató a un hombre en las carreras.
BAlbino y Julián Rosales son aplicaos domadores
que de sus mismos valores no me hallaran dos iguales.
En sus riendas y bozales resalta el trabajo fino,
y aquí mi opinión mezquino porque pa' hablarles sincero
si Julián es buen soguero ¡ahí nomás anda Barcino!
Serión, pero mal arriao, mi hermano menor, Tadeo,
supo ser mensual de arreo en "Las Tunas" de Alvarao.
Si el hombre no anda alunao es suave como una esponja
pero no es santo ni es monja, y no se porqué cuestión
le dió una soba al patrón que casi gasta la lonja.
Y ansí somos los Rosales gente campera y honrada,
capaces de una gauchada como los más liberales.
Virtudes muy naturales con que Dios quiso dotarlos,
y al terminar de nombrarlos viá decir, mordiendo el freno,
¡que habrá que pitar del bueno pa' atracarse a repecharlos!.
fue el puesto más alejao en la estancia "La Porfía".
Daba un ombú su alegría pegadito a los corrales,
y entre haciendas, pastizales, y entre relinchos de potros
allí nos criamos nosotros; los diez hermanos Rosales.
Mi padre el viejo Zenón, cumplidor, serio y formal.
Jamás carnió un animal sin que supiera el patrón.
Mi madre, Aurelia Almirón fue virtuosa pa' cumplir
y aunque el lavar y zurcir mucho tiempo le llevaba,
siempre un rato le quedaba pa' enseñarnos a escrebir.
Mi hermano mayor, Hilario, como pa zurdo, por tal caso,
tanto al facón como al lazo los lleva del lao contrario.
Tiene pa' el trabajo diario seis bayos y un azulejo,
y aunque va llegando a viejo pobrón y con poca suerte
puedo decirles bien fuerte que es un paisano parejo.
Yo soy Jacinto Rosales, soltero por conveniencia
porque a resero, la ausencia,suele acarrearle sus males.
El tranco de mis baguales por cien rumbos me ha llevao
del catre estoy olvidao y voy, sin que me haga meya,
reseriando en cualquier güeya y durmiendo en el recado.
El que sigue es Antenor, campero entre los camperos,
corredor de parejeros bailarín y buen cantor.
Por caprichos del amor cambió a menudo de china,
pero en una remolina del pago se hizo perdiz
y aura vive muy feliz"arrimao" con Juana Urbina.
Demetrio, Ignacio y Benito, -por los consejos de tata-
reuniendo una poca plata han arrendao un campito.
Ahí resalta como escrito el valor de cada cual,
y como el medio rural al más "quedao" despabila
vieron después de la esquila redoblao el capital.
Victoriano es de alma buena, pero...la sangre salpica...
y encerrao en Sierra Chica 'ta purgando una condena.
Recuerdo con mucha pena cuando por unas zonceras
tras dos palabras muy fieras se desmontó de un tordillo,
y en una pelea a cuchillo mató a un hombre en las carreras.
BAlbino y Julián Rosales son aplicaos domadores
que de sus mismos valores no me hallaran dos iguales.
En sus riendas y bozales resalta el trabajo fino,
y aquí mi opinión mezquino porque pa' hablarles sincero
si Julián es buen soguero ¡ahí nomás anda Barcino!
Serión, pero mal arriao, mi hermano menor, Tadeo,
supo ser mensual de arreo en "Las Tunas" de Alvarao.
Si el hombre no anda alunao es suave como una esponja
pero no es santo ni es monja, y no se porqué cuestión
le dió una soba al patrón que casi gasta la lonja.
Y ansí somos los Rosales gente campera y honrada,
capaces de una gauchada como los más liberales.
Virtudes muy naturales con que Dios quiso dotarlos,
y al terminar de nombrarlos viá decir, mordiendo el freno,
¡que habrá que pitar del bueno pa' atracarse a repecharlos!.
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