Al pan pan y al vino vino,
así se dicen las cosas,
sean dulces o amargosas
en el sinuoso camino.
El hombre que es cristalino
nunca teme a las verdades
ni se envuelve en falsedades,
aprovechando un momento,
por que aquel que siembra vientos,
cosechará tempestades.
Despacito se anda lejos
tanteando bien el sendero
y trazando el derrotero
como lo han hecho los viejos.
Se debe oír el consejo
del mayor en su quehacer,
hay que tratar de entender
sin ningún desasosiego,
por que no existe peor ciego
que aquel no quiere ver.
No hay camino sin tropiezo,
porque el obstáculo abunda,
pero que esto no confunda
ni provoque retroceso.
Un tropezón es sólo eso,
aunque sea muy notorio;
no quiero hacer oratorio,
más digo por lo vivido:
caerse está permitido
pararse es obligatorio.
Al mal tiempo… buena cara.
sentencia el sabio proverbio;
de acero ha de ser el nervio
si la mala se declara.
El optimista se ampara
con voluntad aguerrida
a su idea, que encendida
puede mejorar su suerte,
por que él que teme a la muerte
no gozará de la vida.
El tiempo… todo lo cura.
pregonan los conformistas
y el olvido, en otra lista
complementa esta figura.
Aunque nos cause amargura,
el ser humano ha vivido
por el rencor… dividido
y no ha querido entender
que unos nacen pa´ moler
y otros para ser molidos.
La fe moverá montañas
si ella está en el corazón,
pues, no siempre la razón
podrá matar la cizaña.
Con ingenio, astucia y maña
hay que alejar al tirano,
sin creerse soberano,
y además, sin olvidar:
no por tanto madrugar
amanece mas temprano.
El que no llora… no mama
ni logra subir la cima;
se le viene el mundo encima
por andarse por las ramas.
Siempre, aquel que más reclama
es el flojo y negligente,
pero, para estar al frente
no basta con la intención;
si se duerme el camarón,
se lo lleva la corriente.
Mucho ruido y pocas nueces
siempre oferta el sinvergûenza
y aquel que menos se piensa
es quién más se le parece.
Si al ingenuo esto se ofrece,
no se pretenda el perdón,
tampoco la salvación,
aunque se haya confesado,
pues quién nada en el pecado,
se ahogará en la aflicción.
No llueve, pero gotea
dice quién es más prudente;
no galopa en la pendiente;
ni apresurado se apea.
Quién tenga clara esa idea
es porque ha ido madurando,
aunque sea de cuando en cuando
la verdad que ha esto equivale:
un pájaro en mano vale
mucho más que cien volando.
El sol … sale para todos,
pero algunos no lo advierten,
y su tragedia convierten
en ventajoso acomodo.
Como viven en el lodo,
en salir nadie se empeña
y si es que alguno se sueña
ascender, no ha comprendido
que si un árbol se ha caído
todos lo quieren pa´leña.
Unos siembran… otros siegan;
cada cual en su lugar,
pero algunos, sin luchar
contra todo esto reniegan.
Los que al rigor se doblegan,
nunca espantarán los males
y en discursos colosales
a todo le encuentran falla,
y después de la batalla
todos se creen generales.
Ningún hediondo se huele
y critica al similar
queriendo ejemplarizar
y por Dios que eso si duele.
Ese personaje suele
imponerse y dar lección,
pero su idiotización
no deja ver que en la mano
de hasta el mejor escribano
puede esperarse un borrón.
En el pedir no hay engaño,
mas si se hace honestamente,
mirando siempre de frente
en este humano rebaño.
Nunca se pretenda el daño
por asomo cometer,
la duda no debe ser
razón para equivocar;
que el que teme preguntar,
le avergüenza el aprender.
Quien mal anda… mal acaba
en esta prestada vida
y cada vez, la subida
se le va haciendo mas brava.
Cualquier idea se traba
por cínicos detractores,
que se creen forjadores,
como que todo han resuelto;
no olviden que a río revuelto
… ganancia de pescadores.
No hay mal que por bien no venga
digo sin ser refranero;
en lo alto… allá ver quiero
que nuestro arte se mantenga.
Con esta lírica arenga
por fin señores termino
y si en algo fui dañino,
discúlpenme mis hermanos,
porque el errar es humano
y el perdonar es divino.
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martes, 3 de marzo de 2009
¡Cuando quieran! de Leonel Sánchez Moya
No se ha de morir de antojo
quien me convide a cantar;
para conocer a un cojo
lo mejor es verlo andar.
Paráfrasis de Martín Fierro.
A ver … a ver… vamos viendo
como aclarar de una vez
que yo no tengo doblez
cuando sólo me defiendo.
No procuro… no pretendo
ponerle venda a mis ojos,
pero si alguien, un enojo
tiene contra mí, le digo:
si quiere guerra conmigo,
no se ha de morir de antojo.
Soy agranda´o y … ¡qué tanto!,
acaso… ¿otros no lo son?;
yo no finjo la oración
aparentando ser santo.
Escribo, improviso, canto
lo que me dicta el pensar;
no me interesa triunfar
para encabezar las filas,
pero ha de cargar sus pilas
quien me convide a cantar.
No le temo al desafío;
cada quién tiene lo suyo
a mucha honra y orgullo,
como yo tengo lo mío.
Con ese libre albedrío,
en la pelea no aflojo
y de sudor no me mojo,
por que siempre guardo un resto,
permaneciendo dispuesto
para conocer a un cojo.
Lo que en un verso destilo,
malo, regular o bello,
es solamente mi sello
que se impone… o mi estilo.
A veces pongo sigilo
si una décima hay que armar,
pero, si un seudo juglar
cree que a mí me apresura;
para medir su estatura
lo mejor es verlo andar.
Despedida
Sólo he querido ser franco,
y aunque eso tiene su precio,
no me muerde cualquier necio
lobo… vestido de blanco.
Con los tarros no me arranco
para así vanagloriarme,
mas, si quieren enfrentarme
para pesar el talento,
vengan por mí en el momento;
ya saben donde encontrarme.
quien me convide a cantar;
para conocer a un cojo
lo mejor es verlo andar.
Paráfrasis de Martín Fierro.
A ver … a ver… vamos viendo
como aclarar de una vez
que yo no tengo doblez
cuando sólo me defiendo.
No procuro… no pretendo
ponerle venda a mis ojos,
pero si alguien, un enojo
tiene contra mí, le digo:
si quiere guerra conmigo,
no se ha de morir de antojo.
Soy agranda´o y … ¡qué tanto!,
acaso… ¿otros no lo son?;
yo no finjo la oración
aparentando ser santo.
Escribo, improviso, canto
lo que me dicta el pensar;
no me interesa triunfar
para encabezar las filas,
pero ha de cargar sus pilas
quien me convide a cantar.
No le temo al desafío;
cada quién tiene lo suyo
a mucha honra y orgullo,
como yo tengo lo mío.
Con ese libre albedrío,
en la pelea no aflojo
y de sudor no me mojo,
por que siempre guardo un resto,
permaneciendo dispuesto
para conocer a un cojo.
Lo que en un verso destilo,
malo, regular o bello,
es solamente mi sello
que se impone… o mi estilo.
A veces pongo sigilo
si una décima hay que armar,
pero, si un seudo juglar
cree que a mí me apresura;
para medir su estatura
lo mejor es verlo andar.
Despedida
Sólo he querido ser franco,
y aunque eso tiene su precio,
no me muerde cualquier necio
lobo… vestido de blanco.
Con los tarros no me arranco
para así vanagloriarme,
mas, si quieren enfrentarme
para pesar el talento,
vengan por mí en el momento;
ya saben donde encontrarme.
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